domingo, 29 de agosto de 2010

Las segundas oportunidades

Hace unos meses realicé una entrevista a unos actores y una de las localizaciones para las fotos fue la terraza del hotel Óscar, de la cadena Room Mate, en pleno barrio de Chueca. Era mi primera visita al lugar, al que escogí para cambiar uno poco las localizaciones recurrentes de otros hoteles de Madrid. Pensé que siempre salían los mismos sitios y me pareció que estaría bien cambiar. La terraza me pareció maravillosa, la verdad, pero tuve algún que otro encontronazo con algunos de sus empleados que me provoco un gran enfado que tardé tiempo en olvidar. Pero ya se sabe que el paso del tiempo lo cura todo y mi enojo se diluyó dejando paso a la grata estampa que uno ve cuando visita esta terraza. Unas fantásticas vistas de Madrid y una decoración en blanco inmaculado que, según mi parecer, representan un claro reflejo de modernidad. Mi total reconciliación con la terraza del hotel Óscar se afianzó un día, entrevistando a la reputada arquitecta e interiorista Teresa Sapey, cuando ella me comentó que adoraba la cadena Room Mate. Y por fin, hace unos pocos días, me decidí a visitar como cliente, en mi tiempo de ocio, el mencionado lugar. Sin prejuicios, únicamente con ganas de divertirme.

domingo, 22 de agosto de 2010

Los planes están para cambiarlos

Este fin de semana tenía previsto visitar un nuevo restaurante y hablar de ello en este blog. Al final, después de una cansada semana, he preferido quedarme en casa y disfrutar de la intimidad del hogar. ¿En qué se traduce todo esto? En una gran sequía de reseñas para regocijo de mis detractores y en un menor entretenimiento para mis lectores. Pero para el escritor -yo en este caso- la costumbre de narrar sus andanzas se convierte en hábito, y el parón brusco de éste deriva en lo que, coloquialmente, se viene a llamar mono. En fin, qué duda cabe que para paliar sus síntomas me veo en la obligación de narrar mis pequeñas aventuras, pocas, del jueves pasado.
La noche anunciaba una cena en el restaurante Agora. Situado en un emblemático edificio del comienzo de la Gran Vía, en la sexta planta del hotel Ada Palace, sus espectaculares vistas a la arteria madrileña, con el edificio Metropolis justo enfrente, prometía una velada muy especial. Pero la noche iba a transcurrir por otros derroteros.

sábado, 14 de agosto de 2010

Mi Barcelona: ¡Aquí no hay playa!


Obligaciones laborales me han mantenido en Madrid prácticamente todo el verano. A finales de junio puede arañar unos días y escaparme a Catalunya; en julio una pequeña escapada de tres días a Málaga fue un pequeño consuelo; y ahora, en agosto, cuatro días de vuelta a Catalunya prometían ser un pequeño oasis vacacional. Llegué ayer de mañana muy temprano esperando disfrutar del sol y la playa que Castelldefels tiene en abundancia. Dos niños y una adolescente me esperaban con ansia filial: después de bastante tiempo sin verlos, esperaba tumbarme en la playa mientras miraba tranquilamente a mis hijos bañándose en el Mediterráneo. Pero, por lo menos, ayer el destino me deparaba cosas distintas. Ya al llegar, noté que algo no funcionaba bien. Las nueve de la mañana de un trece de agosto, y un frío que pela. El cielo encapotado me dijo que no era día para playa. ¡Horror! Ya instalada en la casa familiar me fui a Google a buscar el tiempo: la previsión, poco halagüeña, mostraba los próximos días con temperaturas algo bajas para la época y un sol que brillaba, no por su intensidad, sino por su ausencia.

jueves, 12 de agosto de 2010

Una buena jornada


Mí último día en Madrid no podía deparar más que buen rollo. No es que me vaya por mucho tiempo, tan solo por cuatro días, aunque siempre es bueno desconectar un poco de lo que ves todos los días. El día ha transcurrido en el centro y a continuación os relato el periplo:
Primera parada, Mesón del Jamón de la Carrera de San Jerónimo. Bocatas baratos, bebidas de cola a un euro, y gente fea y grotesca que parecía recién salida de Coney Island en los años 20 del pasado siglo: ¡La mujer barbuda!, ¡el hombre con chepa!...

Segunda parada: El Anciano Rey de los Vinos. ¿Qué decir de este sitio centenario? Belén y Álex, sus jóvenes propietarios, comenzaron a regentar el lugar a la jubilación del padre de Belén. Con mucho esfuerzo (el que requiere un establecimiento de hostelería en pleno centro turístico de Madrid) han mantenido y más allá un lugar de obligado peregrinaje si se recala por la capital. Si no es el caso, y se vive en Madrid, también hay que ir algún fin de semana a tomar el mejor vermú de grifo y a conocer al fenómeno de Álex dirigiendo magníficamente la sala y la barra del lugar. ¡Estos chicos son los mejores, y sé de qué hablo! En El Anciano Rey de los Vinos, hemos tomado vermú y cerveza, los mejores mejillones a la vinagreta que he probado, setas a la plancha, unos boquerones deliciosos (como siempre) y unos sabrosos pinchitos.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Hombres

Hace unos instantes estaba hablando con un amigo en Facebook sobre César Cobo. ¿Quién?, os preguntaréis algunos, pero si os digo que es el portavoz del sindicato de controladores aéreos (y véis la foto situada a la izquierda) seguro que la mayoría sabéis de quien estábamos opinando. El diario Abc especula en un artículo sobre su futuro mediático a hilo de las distintas páginas en redes sociales que se han abierto en su honor.
Cómo somos los humanos que ante un físico atractivo se nos olvidan todos los males, y la huelga (o posible huelga) deja de importarnos distraidos como estamos alegrándonos la vista. A quien les guste César Cobo, claro. En mi caso, el primer día que le vi me pareció guapo, quizás dejándome llevar por las miraditas que le lanzaba de soslayo el televisivo Jordi González. Pero hace un rato, haciendo zapping entre algunos telediarios, he visto su cara desde varios ángulos y su atractivo ha desaparecido por arte de magia: su irregular nariz se ha impuesto a todo lo demás y ¡madre mía, qué feo!
Ahora me ha dado por la raza negra y bebo los vientos (en la distancia, claro, que en mi vida ya tengo quien me consuele) por Idris Elba, aunque sin olvidar, nunca, a Denzell Washington.

lunes, 9 de agosto de 2010

Mi Barcelona: el Tèxtil Café


Barcelona es una ciudad llena de rincones especiales y de lugares maravillosos. Según mi humilde opinión, un lugar de parada obligatoria es el Téxtil Café, un establecimiento situado en el magnífico patio gótico del Museo Tèxtil i de la Indumentària. Infinidad de veces he visitado este lugar y espero poder seguir haciéndolo muchos años más. En el Tèxtil Café se puede parar a desayunar, comer, cenar o, simplemente, tomarte un cafe rodedado de parte de la historia de esta ciudad mediterránea. En plena calle Montcada (justo enfrente del museo Picasso), está en una de las zonas más turísticas de la capital catalana, aunque al estar situado en un patio interior, escapa de puntillas a la invasión en masa. La terraza, extraordinaria, está situada en el mismo patio y el café propiamente dicho en un recovevo de la misma. Pero lo mejor llega cuando cae la noche: cenar en una de las mesitas de la terraza, a la luz de las velas, es fascinante.
En el Tèxtil Café, además, se da esa rara circunstancia de estar en un entorno alucinante a un coste realmente asequible: el precio de carta ronda los 25 euros, al mediodía tienen menú en torno a los 11 euros, y por las noches y fines de semana también se puede escoger un menú que no llega a los 18 euros. Platos sencillos, pero muy bien elaborados, como quiches, pasteles de verdura, taboulé,humus, moussaka, guacamole o refrescantes y variadas ensaladas es lo que podemos encontrar en la carta del Tèxtil Café. Sin ser un restaurante de cocina exquisita, la gastronomía en el Tèxtil Café es variada, ligera y sana, y el ambiente es absolutamente único. Se puede ir a cualquier hora ya que su horario es ininterrumpido de 10 a 24 horas (fines de semana hasta la 1), aunque si lo que se pretende es tener una velada romántica nada como cenar en el patio a la luz de las velitas.
Hasta el año pasado, en el Tèxtil Café tenían actuaciones en directo algunas noches. No sé si este año continúan (todavía no he tenido el placer de volver), y por alguna extraña circunstancia, la web del café ha desaparecido del planeta Internet dejándome sin fuente de información en tiempo real.

domingo, 8 de agosto de 2010

Mi primera visita a Piú di Prima


Bautizado así por su antiguo propietario como parte de una saga de restaurantes (el primero, Come Prima, y por ahora, el último T'ameró parafraseando así una popular canción italiana), hace un par de años que Piú di Prima pasó a manos de la familia Faverio-Sánchez, momento en el que, según me cuentan, la calidad de los platos subió en la misma proporción en que los precios bajaron, es decir, mucho. Los Faverio-Sánchez, con una dilatada experiencia en restauración al frente durante varios años del restaurante Il Porto en Mahón, han continuado con la estela de éxito que consiguió su predecesor manteniendo la abundante clientela del restaurante, con famosos incluidos. Y esto era todo lo que yo sabía de Piú di Prima cuando el jueves fui a comer allí.
Sabía de antemano que Gianluca Faverio no estaría pero que me atendería su mujer Anna Sánchez. Y así fue. Anna estaba comiendo con unos amigos pero se acercó a nuestra mesa a saludar y charlar un rato con nosotros, ayudándonos a decidir qué pedir.
Al final, nos pusimos prácticamente en sus manos, y probamos un menú degustación a medida con una variedad de platos representativos de la carta que, a continuación, os describo:
Mi acompañante tomó un cóctel de aperitivo, un French 75 (champagne, Tanqueray 10, Zumo de limón y azúcar); yo tomé un prosecco bien fresquito. Para abrir boca, nos trajeron una finísima mortadella con pistachos y unos trocitos de rico parmesano.

Nadie es perfecto


Cuando yo tenía veintiún años, hice un largo viaje por los Estados Unidos, un viaje en el que visité, entre otras, ciudades como Nueva York, Nueva Orleans o Miami. Como podéis imaginar, en aquella época no tenía mucho dinero -aunque más o menos como ahora, ¿para qué engañar?- por lo que la mayor parte de mi alimentación consistía en platos rápidos y económicos. Bien es cierto que en el largo viaje visité buenos restaurantes donde comí la mejor carne de vacuno que he probado en vida, dicho sea de paso, pero el grueso de mi sustento se basaba en hamburguesas, pizzas y comida china. Además de propiciar unas experiencias alucinantes y dejarme en la memoria unos recuerdos extraordinarios, este viaje provocó en mí que en los años venideros no volviera a visitar un templo fast food. Desde entonces, puedo decir sin faltar en absoluto a la verdad que yo jamás como pizza rápida, burgers de cadenas norteamericanas ni comida china fast food. En mi viaje, parte del cual hicimos en coche, descubrí unos locales de comida rápida desconocidos en España, situados al pie de carreteras norteamericanas: los Taco Bell.
Los pseudo tacos que allí vendían me apasionaron, y tengo que reconocer que, durante todos estos años, he guardado en mi memoria un gran recuerdo de su sabor. Durante casi veinte años he recordado los tacos de Taco Bell y ahora, desde hace unos meses, puedo volver a disfrutar de ellos en un Taco Bell situado en un centro comercial cercano a mi casa. Y aunque no voy mucho, a causa de Taco Bell he vuelto a franquear las puertas de un fast food, porque, parafraseando la mítica expresión de Joe E. Bell en Con Faldas y lo loco, 'nadie es perfecto'.

jueves, 5 de agosto de 2010

Ibiza 41: un clásico contemporáneo


No es raro ver en la actualidad restaurantes vacios: un exceso de establecimientos, precios desorbitados en muchos casos, y una oferta sin interés son alguna de las claves para intentar identificar el fenómeno. Pero a veces, sin tener el restaurante nada negativo, lo único que necesita es que se le conozca un poco. Tal es el caso de Ibiza 41 (C/ Ibiza, 41, Madrid - Telf. 91 409 45 42), un restaurante con una cocina correcta, afrancesada para más datos; con una decoración agradable, e incluso con una zona perfectamente acondicionada para eso que en los últimos tiempos se ha dado por llamar afterwork, y también para tomarte la primera copa de la noche. También los precios están pensados para los tiempos que corren: platos aptos para todos los paladares y bolsillos son parte de la oferta de Ibiza 41.
Yo conocí el restaurante en tiempos en los que su jefe de cocina era el chef Valentín González. El jefe de cocina actual, el ecuatoriano Roberto Moreira -quien al parecer fue segundo de Valentín González durante un breve tiempo- vuelve por segunda vez a Ibiza 41 después de una corta estancia en el restaurante El Cocinillas. Este es un cocinero que, a pesar de carecer de formación específica en cocina, le sobran tablas adquiridas a base de trabajo (no en vano ha pasado por varias cocinas, entre las que destacan el restaurante Guipuzcoa o Pandelujo). En Ibiza 41 ha continuado la senda marcada por Valentín González: la carta permanece prácticamente inalterable y destacan platos como la ensalada César, los caracoles a la bourguignon, la cazuela de mejillones a la cerveza con mostaza antigua, los huevos estrellados con patatas fritas en grasa de pato y virutas de foie-gras, el steak tartar de solomillo de buey (muy sabroso, y además preparado delante del comensal, como debe ser) y en los postres la crème brûlé o la crêpe Suzette flambeada.

Reciente es también la incorporacion de Ángel de Francisco como maître. Procedente de Arrocería Imperial, donde ha estado trabajando varios años, tiene en Ibiza 41 un gran reto por cumplir, esto es, en la parte que le toca incentivar las visitas al restaurante. No parece tarea fácil pero por la profesionalidad que he creído ver en él el día que le conocí, no creo que el trabajo le vaya a ir en absoluto grande.
La barra de la entrada, recientemente ampliada, permite tomarse unos bocados rápidos a elegir de una carta que también contiene pequeñas raciones de los platos más emblemáticos del restaurante. Una carta de cócteles donde encotramos clásicos como el Bloody Mary, Cosmpolitan, Dry Martini o Caipirinha completa la oferta de Ibiza 41. El precio medio de Ibiza 41 se sitúa en unos 30-35 euros.




miércoles, 4 de agosto de 2010

Nada es inamovible


La tragedia de la violencia en el hogar es que es imperceptible fuera de este. Los agresores pasan por ser personas normales que no recurren a la violencia por muy frustrados que se sientan. Tras el compañero solícito, el cariñoso amigo o el dependiente amable puede haber una persona hundida que intenta huir de su sufrimiento proyectando desgracia en forma de violencia. Lo escalofriante del tema es que la misma persona que parece quererte, en el fondo, te odia. La que te acaricia dulcemente y te abraza para calmar tu llanto, es la misma que te lo provoca. Y esto es lo que, aparentemente, cuenta 'El orden de las cosas', maravilloso cortometraje de los hermanos Esteban Alenda (ganadores del Goya al mejor corto de animación el año pasado), con dirección de producción de mi amiga Cecilia Rivas.
Un personaje, Julia -sobriamente interpretado por Manuela Vellés-, que ve pasar la vida desde su refugio, nos cuenta sin hablar en todo el metraje cómo es su mundo, cómo es su maldita vida. Una historia que empieza con desesperanza, con angustia, con un increscendo cada vez más horripilante, acaba, finalmente, convirtiéndose en un canto a la esperanza. En una afirmación clara y fehaciente que indica que siempre es posible cambiar las cosas. La escena final, puro cine, da buena muestra de que no sólo en el caso de Julia, sino en otras muchas ocasiones se ha cambiado el orden de las cosas.

Y si me leyera alguna mujer en, digamos, una mala situación personal, le dejo aquí el link para ver el cortometraje que, estoy segura, será un auténtico revulsivo para ella.

http://www.elpais.com/videos/cultura/orden/cosas/elpepucul/20100507elpepucul_3/Ves/